El carpintero y el perro de la luna
Dejando caer el martillo, una y otra, y otra vez, aquel hombre intentaba convencerse que el trabajo no era para el, trató de esconder sus emociones, se las arranco del pecho y mientras éstas se movían con una fuera sobre humana pudo controlarlas, y las metió en un baúl viejo, que el, años atrás, había hecho con sus propias manos, era carpintero.
El se llamaba Matías Roble, vivía en una casa humilde pero muy bonita, bien acabada ya que su profesión lo habían convertido en una excelencia en su área, vivía sólo con un perro, feo y chato, que lo llamaba Chango, chango y Matías se sentaban luego del trabajo en la banquita que estaba fuera de su casa, pero una noche de luna llena cuando el encendía su pipa, escucho toser a chango, Matias lo miro sorprendido, chango lo miro, y abrió el hocico y dijo:
- Oye viejo asqueroso, porque me pones un nombre tan feo? dijo el perro mientras lamia el hueso de pollo que tenia entre sus patas.
Matías soltó la pipa, estaba con la boca abierta, un miedo descomunal se genero en todo su cuerpo, el perro hablaba, ese perro feo y viejo, pasaron unos minutos y el perro volvió a mirar al viejo y le dijo:
- Que pasa viejo no puedes hablar? pues fíjate que yo si puedo, y desde hace mucho solo que lo hacemos cuando hay luna llena, pero ni modo, viejo asqueroso porque quieres dejar tu trabajo?
Matías se lleno de valor y le contesto:
- No lo sé siento que ya estoy viejo y me duelen las manos, no tengo hijos ni mujer, solo tu y bueno me siento triste en las noches pues no tengo con quien hablar tengo tanto que decir y no tengo a quien, creo que lo mejor es dejar todo y viajar no se tal vez a la montaña donde dicen que todos son mas felices.
el perro trato de hacer una expresion humana como que de aburrimiento.
- Bueno yo vendo de la montaña que dices, tuve dos dueños y ambos fueron horribles personas, me tenían amarrado y a veces no comía, el primero, era un señor al que todos le decían "Don Adrian" era un señor gordo y viejo que cuando me encontró pensé encontrar un buen lugar, los primeros días fui feliz, me sacaba a pasear jugábamos juntos y de verdad pensé que había encontrado un hogar, días después, una noche, Don Adrian llego borracho, tambaleándose se me acerco, trato de acariciar mi cabeza, pero yo me asuste, así que me jalo bruscamente, me amarró cerca de un árbol y me empezó a dar de palazos, no lo podía creer, el amo que yo amaba me estaba destruyendo el lomo a palazos, y tú te quejas por tu mano, a ti no te pegan, tienes comida, no te amarran, tomas agua cuando te da la gana y comes cuando se te antoja, tienes un techo, nadie te jode, nadie te grita y te quejas viejo maricón. Dijo el perro mientras seguía hurgando su hueso, olfateó y estornudó.
Matías estaba helado, primero porque el perro podía hablar con una naturalidad que cualquiera que lo escuchara y cerrara los ojos podría imaginarse que era un viejo humano el que le hablaba, se sintió un poco mal, chango la había pasado mal, encendió su pipa y le dijo:
-Oye chango...
-¿Por qué no Batman o lobo, lobo es un buen nombre, te da personalidad, pero chango? estás loco en serio, viejo, te falta imaginación. dijo el perro esta vez se rascaba detrás de las orejas con su pata trasera.
-Lo siento chango, cuando te vi, llegar todo flaco y sucio no se me ocurrió un mejor nombre que chango, lo que pasa es que así se llamaba mi primer perro, cuando era niño...
-Lo mismo de siempre con ustedes, basta que se encariñen con uno y a los demás los quieren llamar así... acaso cuando te mueras y tenga otro dueño le diré oye Matías viejo asqueroso?
Matías cerró sus ojos, y una linea chueca se dibujo en su boca, después de años sonreía, chango se dio cuenta ya que tenían dos años juntos y jamas lo había visto sonreír y mas bien esa mueca rara que se supone era una sonrisa lo hizo emocionarse.
-Chango, estas moviendo la cola? siempre pensé que tu cola estaba jodida o algo por el estilo, ya que jamas la vi moverse por nada, ni cuando te invitaba la mitad de mi filete.
Chango se le acercó a Matías, estaba debajo de sus rodillas, Matías se sintió intimidado ya que no era un perro ordinario el que estaba en frente de el, era un perro viejo e inteligente que tenia sentimientos y podía hablar, chango lo olfateó y le dijo:
-Oye viejo hace cuanto que no te bañas? siempre me gustó aquí, el olor a madera de tu taller, me tranquiliza, tu igual, hueles bien a madera, a madera vieja, pero ahora, hueles a mierda, y empezó a hacer sus ojitos pequeños y soltar soplidos cortos por su nariz, como si se riera.
-¿te estás riendo chango? preguntó Matías.
-Claro así nos reímos los perros, pero no me desvíes el tema, ve a bañarte, hueles mal, ponte tus mejores ropas y cuando termines te termino de contar mi historia.
Matías apagó su pipa, miró la luna llena, estaba hermosa y grande, brillante, como si estuviera dispuesta a cumplir sueños, ahora sonreía, ahora no estaba solo, se sentía después de muchos años tranquilo y también entusiasmado...
-¡Por dios viejo asqueroso!, ¿puedes ir de una vez a bañarte en vez de andar parado mirando la luna como un tonto? no se va a ir a ningún lado, apresurate!
fin del primer capitulo.
El se llamaba Matías Roble, vivía en una casa humilde pero muy bonita, bien acabada ya que su profesión lo habían convertido en una excelencia en su área, vivía sólo con un perro, feo y chato, que lo llamaba Chango, chango y Matías se sentaban luego del trabajo en la banquita que estaba fuera de su casa, pero una noche de luna llena cuando el encendía su pipa, escucho toser a chango, Matias lo miro sorprendido, chango lo miro, y abrió el hocico y dijo:
- Oye viejo asqueroso, porque me pones un nombre tan feo? dijo el perro mientras lamia el hueso de pollo que tenia entre sus patas.
Matías soltó la pipa, estaba con la boca abierta, un miedo descomunal se genero en todo su cuerpo, el perro hablaba, ese perro feo y viejo, pasaron unos minutos y el perro volvió a mirar al viejo y le dijo:
- Que pasa viejo no puedes hablar? pues fíjate que yo si puedo, y desde hace mucho solo que lo hacemos cuando hay luna llena, pero ni modo, viejo asqueroso porque quieres dejar tu trabajo?
Matías se lleno de valor y le contesto:
- No lo sé siento que ya estoy viejo y me duelen las manos, no tengo hijos ni mujer, solo tu y bueno me siento triste en las noches pues no tengo con quien hablar tengo tanto que decir y no tengo a quien, creo que lo mejor es dejar todo y viajar no se tal vez a la montaña donde dicen que todos son mas felices.
el perro trato de hacer una expresion humana como que de aburrimiento.
- Bueno yo vendo de la montaña que dices, tuve dos dueños y ambos fueron horribles personas, me tenían amarrado y a veces no comía, el primero, era un señor al que todos le decían "Don Adrian" era un señor gordo y viejo que cuando me encontró pensé encontrar un buen lugar, los primeros días fui feliz, me sacaba a pasear jugábamos juntos y de verdad pensé que había encontrado un hogar, días después, una noche, Don Adrian llego borracho, tambaleándose se me acerco, trato de acariciar mi cabeza, pero yo me asuste, así que me jalo bruscamente, me amarró cerca de un árbol y me empezó a dar de palazos, no lo podía creer, el amo que yo amaba me estaba destruyendo el lomo a palazos, y tú te quejas por tu mano, a ti no te pegan, tienes comida, no te amarran, tomas agua cuando te da la gana y comes cuando se te antoja, tienes un techo, nadie te jode, nadie te grita y te quejas viejo maricón. Dijo el perro mientras seguía hurgando su hueso, olfateó y estornudó.
Matías estaba helado, primero porque el perro podía hablar con una naturalidad que cualquiera que lo escuchara y cerrara los ojos podría imaginarse que era un viejo humano el que le hablaba, se sintió un poco mal, chango la había pasado mal, encendió su pipa y le dijo:
-Oye chango...
-¿Por qué no Batman o lobo, lobo es un buen nombre, te da personalidad, pero chango? estás loco en serio, viejo, te falta imaginación. dijo el perro esta vez se rascaba detrás de las orejas con su pata trasera.
-Lo siento chango, cuando te vi, llegar todo flaco y sucio no se me ocurrió un mejor nombre que chango, lo que pasa es que así se llamaba mi primer perro, cuando era niño...
-Lo mismo de siempre con ustedes, basta que se encariñen con uno y a los demás los quieren llamar así... acaso cuando te mueras y tenga otro dueño le diré oye Matías viejo asqueroso?
Matías cerró sus ojos, y una linea chueca se dibujo en su boca, después de años sonreía, chango se dio cuenta ya que tenían dos años juntos y jamas lo había visto sonreír y mas bien esa mueca rara que se supone era una sonrisa lo hizo emocionarse.
-Chango, estas moviendo la cola? siempre pensé que tu cola estaba jodida o algo por el estilo, ya que jamas la vi moverse por nada, ni cuando te invitaba la mitad de mi filete.
Chango se le acercó a Matías, estaba debajo de sus rodillas, Matías se sintió intimidado ya que no era un perro ordinario el que estaba en frente de el, era un perro viejo e inteligente que tenia sentimientos y podía hablar, chango lo olfateó y le dijo:
-Oye viejo hace cuanto que no te bañas? siempre me gustó aquí, el olor a madera de tu taller, me tranquiliza, tu igual, hueles bien a madera, a madera vieja, pero ahora, hueles a mierda, y empezó a hacer sus ojitos pequeños y soltar soplidos cortos por su nariz, como si se riera.
-¿te estás riendo chango? preguntó Matías.
-Claro así nos reímos los perros, pero no me desvíes el tema, ve a bañarte, hueles mal, ponte tus mejores ropas y cuando termines te termino de contar mi historia.
Matías apagó su pipa, miró la luna llena, estaba hermosa y grande, brillante, como si estuviera dispuesta a cumplir sueños, ahora sonreía, ahora no estaba solo, se sentía después de muchos años tranquilo y también entusiasmado...
-¡Por dios viejo asqueroso!, ¿puedes ir de una vez a bañarte en vez de andar parado mirando la luna como un tonto? no se va a ir a ningún lado, apresurate!
fin del primer capitulo.
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